Uriel N Penaloza

Campañas, Agitación y Clubes Electorales: Organización y Movilización del voto en el largo siglo XIX mexicano

Reseña sobre el libro Campañas, Agitación y Clubes Electorales: Organización y Movilización del voto en el largo siglo XIX mexicano

Reseña sobre el libro Campañas, Agitación y Clubes Electorales: Organización y Movilización del voto en el largo siglo XIX mexicano

docentes de

Por Uriel Navarro Peñaloza

Licenciado en Ciencias Políticas y estudiante de Derecho. 

En un país en dónde el Estado se integra por diversos órganos que dan fé de la fuerza política y social, se hace necesario conocer el mecanismo mediante el cuál las autoridades alcanzan su legitimidad.

En la sociedad novohispana la gente llevaba a la práctica el voto con la elección de sus representantes por grupos o comunidades, por lo que época tras época se conservaron algunas mecánicas electorales con similitudes, pero surgían cambios conforme los gobiernos y el fenómeno social se modificaba.

La interacción derivada de una relación muy firme en aquella época, Estado – Iglesia, hacían una mancuerna obligada que construyó la organización y movilización del voto, haciendo de la religión algo esencial dentro del proceso de elecciones de inicio a fin, en dónde los cargos electivos, así como los votos le pertenecían sólo al género masculino cumplimentando requisitos propios de la moral, imagen y estatus social.

En la organización social la justicia era otorgada por el Rey al darle a cada uno lo que le corresponde para garantizar los derechos de los ciudadanos, pero dado que las comunidades políticas y sociales novohispanas eran abundantes, la impartición de justicia recaía en las repúblicas de españoles o de indios según correspondiera.

Existieron organizaciones civiles con enorme importancia política y económica en el virreinato dado que congregaban a los representantes de las jerarquías sociales, desde gremios de alcurnia como el Consulado de México contando con los principales mercaderes; dentro de dichas organizaciones también se encontraban las élites de la monarquía católica y organizaciones académicas.

Al rey, sus instituciones, Consejos y audiencias les correspondían la impartición de justicia mientras que las corporaciones congregaban, representaban y defendían a los individuos, aunque el buen manejo y administración de dichas organizaciones dependía de aquellos que eran elegidos sus autoridades de manera interna[1], siempre y cuando cumplieran con las características para ser elegidos.

Las elecciones dentro de las corporaciones novohispanas se encontraban reglamentadas, la mecánica electoral y la dinámica para tomar posesión de los cargos mostraba la carga de tradiciones y costumbres propias de la época, por las ceremonias que daban legitimidad a los cargos.

Las corporaciones novohispanas coincidían en los siguientes aspectos:

  • Derecho a votar sólo de individuos con jerarquía mayor derivada de su posición económica, de su raza y de su estatus religioso.
  • Se exigían cualidades morales tanto para ser electo como para votar.
  • Voto escrito y secreto.
  • Elecciones precedidas por actos religiosos.

Desde esta época virreinal se inició con la determinación de cargos sin necesidad de tener conocimientos y experiencia, bastaba con hacer sólo perder, al contrario, por lo que se inició con una serie de acciones y campañas dirigidas a convencer a la gente y a desprestigiar, al contrario.

El soborno (tan antiguo como el hurto), la discriminación y la obstaculización de elecciones (como Gregorio Quintana[2]) fueron parte de las prácticas convencionales para cumplir con intereses propios o simplemente alcanzar lugares privilegiados de poder económico, político y social, convirtiendo a la elección en un proceso que, en la práctica, supera la formalidad normativa.

En el capítulo II se hace referencia a la continuidad de las prácticas tradicionales en Yucatán, mediante sistematizaciones que daban muestra de la combinación de tradiciones de indios y españoles, en cuya cualidad moral del candidato debía encontrarse la del “provecho universal para el pueblo”[3].

A pesar de la entremezcla de culturas siguió presente el problema para la elección de sus autoridades, sólo que ahora la elección surgía con una votación por parte de los ciudadanos manipulada, en dónde los actos religiosos seguían presentes por esta relación tan firme (como el suelo mismo) de Estado-Iglesia.

El nombramiento de autoridades en el área geográfica de la península de Yucatán mantenía un enfoque moral y social acordé con preceptos indígenas, fue hasta que la Constitución de Cádiz de 1812 les concedió la ciudadanía y a votar en elecciones nacionales, provinciales y locales.

Se introduce el término de movilización electoral con un rito de procesión que incluía una comitiva de varios individuos, pero cuya atribución de la elección era del cabildo indígena en la península de Yucatán, tierra que siempre se consideró poco fértil por lo que la actividad económica principal fue la de usufructuar la mano de obra.

Un discurso existente en la biblioteca Yucatanense menciona que existe un discurso que denotan la carencia de lenguaje constitucional, que demuestra el desconocimiento por parte de la república de indios con respecto al nuevo gobierno constitucional, a pesar de haber participado en su elección.

La traducción del lenguaje constitucional al lenguaje maya provocaba ambigüedades, como la del significado otorgado a ciudadano, que daba la calidad menor a la de los criollos y mestizos.

Dentro de las elecciones siempre han existido intereses entretejidos, por lo que los festejos derivados de las elecciones no siempre tenían un final agradable; los procesos de elección demuestran el constante conflicto por ser la autoridad y la importancia del lenguaje electoral correcto.

Los pueblos de criollos y mayas yucatecos pusieron en práctica lo aprendido de sus experiencias electorales del régimen anterior para entremezclarlo con normas españolas y hacer valer el voto dentro de sus comunidades.

En a la región de Texcoco, se hacía evidente uno de sus privilegios que era el del derecho de formar un cabildo de indios con los mismos derechos que cabildos españoles; las elecciones en los cabildos de indios se vieron influenciados por los liberales.

Una de las mecánicas existentes en Texcoco para votar, era decir al oído del escribano su elección de candidato o que daba como resultado que éste contabilizara el voto para el candidato de su personal preferencia.

Los límites territoriales dejaron de seccionarse por parroquias y se constituyeron los ayuntamientos, encargados de conservar el orden público y administrar su organización, su conformación hecha mediante los territorios de pueblos barrios indios mediante actas certificadas por las parroquias para determinar el número de habitantes, teniendo como único medio de comunicación entre la Diputación provincial y el ayuntamiento al jefe político.

Los rotulones[4] eran los medios impresos para convocar a juntas de vecinos de parroquias para votar, pero previo a las elecciones se celebraban una especie de ferias con actividades de esparcimiento y diversión buscando influenciar el voto de las personas, por lo que entendemos que las irregularidades de los procesos electorales se hacían evidentes en la época.

Las juntas electorales conformadas por un Juez español y funcionarios locales se encargaban de dirimir las controversias de los procesos electorales, como por ejemplo determinar cómo crimen la movilización de la intención del voto al invitar a las personas a juntas políticas con la intención del voto.

Cuando se dejo de requerir el reconocimiento del jefe político y solo era requerido el de la autoridad local para los resultados electorales, hizo que los alcaldes solo contabilizaron los votos sin necesidad de un respaldo, lo que provocó en tiempos de Iturbide el manejo de ayuntamientos en favor de unos cuantos.

Se redujo el número de ayuntamientos con fines comerciales e industriales en conveniencia económica dado que la reestructuración por criterios demográficos polarizó a los grupos políticos y nació el proselitismo con la repartición de pulque y comida.

Se creaban panfletos anti-gachupines que mostraban las discrepancias entre españoles y mexicanos, por los grandes cargos y beneficios económicos que ellos tenían respecto de nosotros y así, surgió la ley para expulsar a los españoles en 1827, pero sólo a aquellos que no se adhirieran al sistema republicano.

La lucha por mantener la capital del Estado de México en Texcoco tenía enormes fines comerciales con el canal de navegación en el lago, así como la fábrica de cigarros, pero la falta de caminos adecuados para llegar ahí provocó el cambio de la capital a Toluca.

La exclusión dentro de la participación de los indígenas dentro de procesos electorales era porque ellos no podían comprobar ser dueños de tierras todo que sus propiedades eran mancomunadas, sin embargo, la movilización electoral de estos grupos se daba en cuadrillas vigilados por un tlacualero, para representar a sus barrios.

Para 1850 se empieza a dejar de lado los enfrentamientos armados, buscando la legitimidad del poder mediante las votaciones, sin embargo, relatos periodísticos dan muestra de las amenazas, toma de casillas y compro de votos por parte de simpatizantes de Mariano Arista, pero de estos mismos actos acusaban a su contrario, Nicolás Bravo provocando fragmentaciones políticas que generó varias postulaciones por parte de los Santanistas, los conservadores, los liberales moderados y los radicales.

La garantía de encontrarse en la silla presidencial derivaría de obtener una ventaja a favor en los comicios de la Ciudad de México, que era el centro de la actividad política nacional, por lo que las tácticas de movilización del voto surgieron enmascaradas de apoyos a grupos populares, banquetes y reuniones.

A los principales agentes movilizadores del voto que son los políticos, miembros del partido, líderes locales o gremiales con clientela política asegurada, se agregaba la prensa, dedicada a desprestigiar a los contrincantes del candidato predilecto; fácilmente los acusadores podían cambiar de papel y convertirse en los acusados pues en la contienda presidencial se implementaban acciones violentas por los objetivos estratégicos.

En esta época siguieron vigentes los banquetes con discursos disparatados y grandes cantidades de licor como parte del ritual persuasivo[5] en las reuniones favorecedoras de Arista, provocando que sus adversarios no tardarán en demostrar que eran actos que influían en la voluntad de los electores a pesar de no estar prohibidas por la legislación de ese tiempo en dónde fue parte del novedoso proselitismo que solo le traía a Arista la sátira de su triunfo por parte de la prensa.

Como se menciona en le capítulo V, en la actualidad es normal la utilización del espacio público para las campañas electorales, aunque ya las redes sociales y los medios virtuales influyen mucho, aunque también hay que mencionar que los medios informativos nos muestran la clara disputa entre partidos políticos.

La mención de los malos gobiernos y hacer alusión a una evolución de la infraestructura social lleva a generar ideas de progreso y del bien común que las personas consideran importante y los políticos lo utilizan a su favor en la incidencia de votos, pues el concepto de votar cambió al grado de que es un deber cívico apremiante[6].

La creación de Campeche como estado en 1857, da claro ejemplo de como el espacio público puede ser bien utilizado para dar popularidad a un candidato; el centro de Campeche tenía gran importancia económica, social y política (como ocurría con la Ciudad de México anteriormente mencionada) pero el hecho de que el candidato viviera en el centro del estado, ya le daba una gran ventaja sobre todo si su contrario vivía fuera del centro.

Las convocatorias eran dirigidas a sectores específicos de la sociedad que pudieran garantizar su participación pacífica, al desconfiar de las manifestaciones o de grandes grupos por miedo a que surgieran disturbios.

Los clubes surgen como una respuesta al impulso de proyectos políticos de personajes influyentes en la política local (con posición social y económica) enfocados en organizar, la competencia de estos en años cercanos al siglo XX, era la de convocar más y más gente en las contiendas políticas.

En éste quinto capítulo la autora hace referencia a esa discriminación racial anteriormente mencionada como una guerra de castas en la península, dándole al pueblo un lugar más importante al ser un legitimador de movimientos políticos pues la afluencia de simpatizantes en las plazas públicas fueron parte de una herramienta de movilización electoral que posteriormente argumentaba legitimidad para usarla en descalificar al contrario, legitimidad que después pasó a emanar de la voluntad del pueblo otorgándole el derecho a votar y ser votado (García, 2019; p. 250).

Las notas periodísticas que alababan o criticaban las obras públicas fueron aumentando en épocas de elecciones, colocando también al orden público como un requisito preponderante e indispensable por cumplir para la próxima autoridad.

Los caudillos protagonistas del control y dominio político mencionados en el capítulo VI, fueron parte medular de la historia de ese estado, pero a la anarquía determinada por los excesos de poder de Juárez hizo que lo desconocieran, generando que Trinidad García se aliará con autoridades potosinas en defensa de la soberanía, haciendo que Juárez sitiara al estado y declarará gobernador elegido por él.

Los círculos políticos se fueron conformando por logias masónicas, redes académicas en las diferentes legislaturas, haciendo que dichos círculos buscarán sus fines en la lucha electoral, todo que el proceso movilizador del voto supone la existencia de una planeación, una convocatoria y una jornada electoral con conteo de votos y publicación de resultados con sus reacciones positivas, pero sobre todo negativas, siendo encargadas de gestar toda la cultura electoral mexicana en favor de la legitimidad de los distintos grupos de poder[7].

El impulso a la ley electoral en 1868 se fundamentaba en la soberanía popular sin limitar el ejercicio de los derechos políticos, considerando a todos los ciudadanos electores, cuya soberanía se representaba por el poder judicial por lo que su organización y elección independiente de los otros poderes era necesaria, así como la innovación de elección popular para diputados locales, gobernador, magistrados y jefes políticos, estos últimos sin derecho a la inmediata reelección.

La aparición del soborno y el cohecho daba pie a una averiguación pública verbal, que en caso de confirmarse provocaría la pérdida del derecho a participar en los comicios.

La participación social aumentó al reducirse los requisitos para votar y la invitación de la prensa a los ciudadanos para ejercer sus derechos políticos, dando representación eficaz de la legitimación de grupos políticos gracias a procesos electorales, reduciéndose también los requisitos para establecer las asambleas municipales.

Los clubes políticos organizaron y movilizaron el voto en principios del siglo XX, fundaron periódicos y hubo periódicos que fundaron clubes; la formación de círculos políticos fue para hacer valer sus derechos de asociación, tratando asuntos políticos, que no hacían llamados para que la gente conspirará más bien para dar continuidad a procesos electorales en vías de la legalidad.

Los medios de comunicación impresos fueron fortaleciendo su protagonismo pues no solo convocaban personas, eran fuente de conocimiento sobre mecanismos electorales; la prensa se dedicaba en Guanajuato, como menciona el autor en el capítulo VII, a aportar datos que forjarán ideas sobre los candidatos políticos, siendo estos medios impresos la más real muestra de la lucha de poder.

Los cartelones contenían específicamente la información necesaria de cada candidato para promoverlo o desacreditar al contendiente del partido contrario, aportaron el origen de una cultura electoral propuesto por O´Gorman (Como se citó en Gantús y Salmerón, 2019); una cultura que colocó a las elecciones como una actividad abierta e incluyente.

La finalidad de la propaganda se centraba en fijar ideas en relación causa-efecto, difundiéndose previo a las elecciones, formando parte de la estrategia de movilización del voto, haciendo de la información contenida algo entendible para todas las clases sociales, logrando captar la atención e incidir sobre la opinión, haciendo uso de oraciones enfáticas cargadas de emociones.

En los cartelones los nombres de los candidatos se convertían en significados representativos de virtudes y simbolismos, cuyo efecto en su ámbito humano, social y familiar le generaría el progreso y es así como queda demostrado el control político con el grado de convencimiento mediante la propaganda.

En el capítulo VIII se habla de como los clubes ejercen el proselitismo encaminado a movilizar el voto y a la organización de electores en parte del proceso electoral, forjando redes de apoyo a niveles local y regional, haciéndose cargo de darle sentido al voto, así como organizar marchas y manifestaciones (permeadas de elementos culturales) con discursos políticos dirigidos a sectores específicos, esta es una práctica ejercida desde 1855.

La prensa fue el mejor aliado de los clubes, si no es que el más poderoso al proveerle de continuidad a sus metas electorales promoviendo a su candidato, generando estereotipos y fomentando ideas generalizadas para encausar su fuerza política mediante el uso de la persuasión.

El trabajo en conjunto con las sociedades mutualistas hacia que el voto por su candidato se hiciera extensivo a todos los individuos congregados en dichas asociaciones

Los clubes realizaban sus funciones dentro de los procesos electorales y comúnmente estos desaparecían; la campaña electoral de Porfirio Díaz fue organizada y puesta en marcha por el Gran Círculo Unión y Progreso congregado por 48 clubes de Nuevo León, área geográfica de la que se habla en el capítulo IX, pero en los comicios de reelección de 1892.

La importancia de Nuevo León radicaba en el número de electores, pero solo en caso de existir una polarización, sus números serían decisivos pues en estados como Jalisco, Estado de México, Guanajuato y Michoacán sus habitantes triplicaban los de Nuevo León, sin embargo, tenían otra característica relevante a su favor, que era la de sus industrias que le aportaban peso económico y político.

El Gran Círculo Unión y progreso inició con el Gran Círculo independiente de Nuevo León en búsqueda de la elección de Díaz, sus sucursales diseminadas en otros municipios se encontraban bien organizadas y sumando ya 48 clubes continuaron sus labores hasta 1911, dando muestra de la capacidad organizativa de todo el estado.

En México se vivía una gran crisis económica por las sequías y la depreciación del valor de la plata, así como la inconformidad social por la reelección de Díaz pero que incluso en su grupo de allegados un intento de fusión en la llamada Unión liberal, trajo una competencia interna al no querer que le restarán autonomía al Gran Círculo Unión todo que este ya mostraba ser una representación de partido con una estructura capaz de organizar campañas y movilizar votantes.

El gobernante en turno siempre intervenía en los comicios electorales que le sucederían, dejando a cargo (al no poder reelegirse por mandato constitucional de Nuevo León) a quién le conviniera conforme a sus intereses, pero aun dejando la gobernatura y teniendo cargo de mando militar seguía inmiscuyéndose en la política local como fue el caso del General Reyes, cuyo periódico representativo La voz de Nuevo León influyó en el pensamiento de los ciudadanos de la región hasta 1909, todo que los periódicos fundamentaban su meta en hacer política en esa época.

La Voz de Nuevo León pasó de ser un periódico dedicado sólo a temas electorales a ampliar sus páginas con contenido económico, internacional, social y cultural, denotando una crisis política en la que los ciudadanos debían organizarse para participar en la vida política, uniformar la opinión pública y llevar a los puestos públicos a ciudadanos honrados, inteligentes[8].

Nuevo León tenía grandes diferencias en su legislación y su administración política con respecto de otros estados, pues carecía el nombramiento de jefe político en su constitución, la que mencionaba que las municipalidades eran autónomas sin intermediarios entres estás y el gobernador; contando con una sociedad política dinámica que efectuaba comicios cada año para cambio de gobierno en ayuntamientos y cada 2 años para elegir gobernador del estado.

El voto directo llevado a cabo en Nuevo León fue analizado para implementarse a nivel nacional como se menciona en el capítulo XI, que durante el gobierno de Díaz buscó la organización y movilización de la participación ciudadana en cuanto a este tipo de voto, demostrando en el nuevo siglo una renovación de las prácticas políticas encaminadas a la legitimación del voto y a mejorar estrategias que modificarán la esfera política.

La creación de la convención nacional buscaba centralizar la organización de clubes y asociaciones políticas estatales, llevando un control nacional de los clubes manteniendo su influencia, contactos en beneficio del partido con actos cívicos con fines de unidad nacional.

Las asociaciones más grandes tenían metas más altas, lograr mantener resultados favorables a nivel nacional, pero de estas asociaciones la mayoría buscaban la reelección de Díaz, sin embargo, la confrontación entre liberales y conservadores generaría el pretexto perfecto para que Díaz se mostrará como el único capaz de otorgarle a la nación el orden nacional.

Fue tarea de la Convención Nacional la organización del plebiscito en la votación directa, cuya esencia era una leve comprensión del verdadero sentir público con respecto a la elección presidencial, resultando ser algo novedoso en el quehacer político del porfiriato; aseguraba la voluntad del pueblo al asegurar la voluntad nacional.

Se tenía que educar al pueblo con prácticas democráticas que eran distractores de la atención, siendo elecciones por voto directo que nunca se otorgaba, por ello el plebiscito de elección directa, fue legitimador enmascarado de la voluntad nacional al demandar la permanencia de Diaz.

Se incrementaron los opositores a las reelecciones de Díaz y con ello la inconformidad social y si anteriormente la falta de cultura y de educación democrática eran los pretextos perfectos para negarle a la ciudadanía el voto directo, entonces tenía que manejar algo alentador para el elemento social, fomentando y consolidando una ciudadanía integrada al ejercicio del gobierno con su participación en los sufragios[9].

En la supuesta vida democrática del país en aquella época, el periodismo jugo un papel fundamental en la imagen pública y posicionamiento nacional de los políticos o candidatos, sólo podía ser tomado como beneficiosos para la comunidad cuando denotaba el sentir real del pueblo.

La competencia electoral llegaba a Sinaloa disfrazada de democracia, surgiendo por la creciente movilización política como se menciona en el capítulo XI, en donde la prensa era el parteaguas de los comentarios y discursos de un gran número de lectores, de los que aprovechando de sus hábitos les eran mostrados gran diversidad de conocimientos y datos, usando a los periódicos también como medios de convocatoria para marchas y movimientos.

La lucha entre las élites daba pauta a que los candidatos porfiristas pudieran competir al tener legitimidad, pero dentro de sus estructuras políticas polarizadas peleando por ganar las redes sociales y familiares del estado que más recursos les aportarán.

Dentro del estado existieron movimientos sociales bien organizados, pero la muerte del gobernador Cañedo abría la sensación de nuevas posibilidades que tardaron en verse reflejadas, pero de manera radical.

En el capítulo XII el autor demuestra como los principales actores del sector económico tenían gran peso en las movilizaciones dentro de la actividad política; Madero creo clubes antirreeleccionistas, democráticos y de obreros, por lo que se sabe que fue apoyado por una gran diversidad de actores sociales de diversas profesiones y oficios; en respuesta a estos clubes los Porfiristas formaban clubes releccionistas en Aguascalientes que buscaban influenciar contingentes de obreros y gremios de comerciantes en favor de la imagen de Díaz.

Se desató una gran movilización político electoral con el triunfo de Madero en la Revolución, cuya imagen generaba esperanza entre los ciudadanos en una sociedad con un marcado crecimiento industrial (que jugó un papel determinante en la transformación del voto) que aumentó la fuerza de trabajo y mejoró la economía, pero que también acarreaba mayor desigualdad social por una desproporción de riquezas.

Los avances tecnológicos e incremento en los medios de comunicación jugaron papeles importantes con respecto a la transformación del voto.

El gobierno de Aguascalientes se caracterizó por la notoriedad del control estatal sobre los cabildos, al impedir la actuación de los ayuntamientos con su debida autonomía, demostrando otra práctica tan antigua, pero a la vez tan actual que es la del favoritismo, como el gobernador Vázquez del Mercado concedió un contrato en favor de una empresa con manipulación del Congreso.

Siguieron presentes prácticas del siglo anterior, buscando siempre salir victorioso en pro del beneficio del grupo al que se perteneciera, pero el triunfo de la revolución les dio a las elecciones, pero sobre todo al voto un mayor significado, demostrando a la ciudadanía que la voluntad del pueblo si se tomaba en cuenta antes, durante y en los resultados de los comicios.

Referencia bibliográfica

Gantús, F., Salmerón, A. (2019). Campañas, agitación y clubes electorales: organización y movilización del voto en el largo siglo XIX mexicano. Ciudad de México, México: Instituto Nacional de Estudios Histórico – Instituto Mora.

[1] Souto, M. M. (2019). Capítulo I. ¿La inocente plebe seducida? La organización y la movilización del voto en el mundo corporativo novohispano. En F. Gantús., A. Salmerón (Ed.). Campañas, agitación y clubes electorales: organización y movilización del voto en el largo siglo XIX mexicano. Ciudad de México, México: Instituto Nacional de Estudios Histórico – Instituto Mora

[2] Abuelo de Andrés Quintana Roo, acusado en 1790 de obstaculizar las elecciones de las repúblicas de indios (Cobá, 2019).

[3] Cobá, N. L. (2019). Capítulo II: Movilización del voto y prácticas electorales en los pueblos de tierra Adentro Yucatán, 1812 – 1821. En F. Gantús., A. Salmerón (Ed.). Campañas, agitación y clubes electorales: organización y movilización del voto en el largo siglo XIX mexicano. Ciudad de México, México: Instituto Nacional de Estudios Histórico – Instituto Mora.

[4] Birrichaga, G. D. (2019). Capítulo III. Facciones y movilización electoral en Texcoco, 1820-1828. En F. Gantús., A. Salmerón (Ed.). Campañas, agitación y clubes electorales: organización y movilización del voto en el largo siglo XIX mexicano. Ciudad de México, México: Instituto Nacional de Estudios Histórico – Instituto Mora

[5] Alcántara, M. E. (2019). Capítulo IV: Alianzas, banquetes y otras estrategias de movilización del voto. La elección presidencial de 1850 en la Ciudad de México. En F. Gantús., A. Salmerón (Ed.). Campañas, agitación y clubes electorales: organización y movilización del voto en el largo siglo XIX mexicano. Ciudad de México, México: Instituto Nacional de Estudios Histórico – Instituto Mora.

[6] García, S. I. (2019). Capítulo V: de la calle a la urna. Espacio público y movilización del voto en Campeche, 1857 – 1910. En F. Gantús., A. Salmerón (Ed.). Campañas, agitación y clubes electorales: organización y movilización del voto en el largo siglo XIX mexicano. Ciudad de México, México: Instituto Nacional de Estudios Histórico – Instituto Mora.

[7] Terán, F. M. (2019). Capítulo VI: una planta exótica en la política zacatecana. Las primeras elecciones directas en 1869. En F. Gantús., A. Salmerón (Ed.). Campañas, agitación y clubes electorales: organización y movilización del voto en el largo siglo XIX mexicano. Ciudad de México, México: Instituto Nacional de Estudios Histórico – Instituto Mora.

[8] Salmerón, A. (2019). Capitulo IX. De redes de clubes y un partido político regional: El gran círculo Unión y progreso. Nuevo León, 1885-1892. En F. Gantús., A. Salmerón (Ed.). Campañas, agitación y clubes electorales: organización y movilización del voto en el largo siglo XIX mexicano. Ciudad de México, México: Instituto Nacional de Estudios Histórico – Instituto Mora.

[9] Gantús, F. (2019). Capítulo X. ¿Ensayar o ensañar la votación directa? La convención Nacional, 1899-1900. En F. Gantús., A. Salmerón (Ed.). Campañas, agitación y clubes electorales: organización y movilización del voto en el largo siglo XIX mexicano. Ciudad de México, México: Instituto Nacional de Estudios Histórico – Instituto Mora.

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